Cuentos infantiles porque sí


“Mi hijo odia los libros, ¿conocéis algún libro para que no los odie?”

Este divertido comentario ilustra el debate sobre la finalidad de los cuentos infantiles que ha surgido, en varias ocasiones, en un concurrido y animado grupo de facebook del que formamos parte.

Algunas participantes encienden la llama de esta interesante cuestión al poner de manifiesto que gran parte de las consultas en el grupo se hacen buscando un cuento que sirva para algo en particular. Se buscan cuentos para apoyar procesos habituales en el desarrollo de los niños: para quitar el pañal, para consolar ante la muerte de un ser querido, para ayudar a gestionar las rabietas, para defenderse ante posibles agresiones, para generar confianza en uno mismo, … y así hasta un sinfín de situaciones más o menos cotidianas que casi todas las madres, padres o maestros conocemos por experiencia.

Es indudable que se ha producido un auge en la edición de libros infantiles que abordan estas temáticas. Ante esto surgen varias cuestiones que nos parece interesante recoger.

La primera es la de si estos cuentos cumplen con un criterio de calidad literaria. Para muchos expertos y usuarios de literatura infantil y juvenil no supone ningún problema que los cuentos traten todos estos temas, siempre y cuando lo hagan cumpliendo con unos estándares de calidad, es decir, siempre y cuando no dejen de ser una obra literaria. En este sentido, nuestro experto de cabecera, Luis Daniel González, nos recuerda que “las ficciones de calidad nos enseñan modos de mirar la vida y de orientar la conducta pues nos enriquecen con el contraste de distintos sentimientos y nos facilitan hacer nuestras otras experiencias humanas”.

Cualquier relato que sea literariamente bueno puede aportar un conocimiento valioso y transmitir una enseñanza moral. O al menos, promover una reflexión sobre ella. Por lo tanto, ante la pregunta: ¿Libros de emociones o libros que emocionen? nosotras nos decantamos por la segunda opción.

Otra cuestión que despierta debate es la de la moraleja o la intencionalidad explícita de los cuentos. Siempre ha habido cuentos con moraleja, pero cuando esta es demasiado explícita o cuando todo el relato se pone al servicio de la enseñanza moral que desea transmitir, percibimos ese tufillo que normalmente nos predispone en contra de la lectura. Una de las participantes valora negativamente el hecho de que estos libros no dejen lugar para la libre interpretación, no permitan que el lector extraiga sus propias conclusiones. De nuevo recurrimos a Luis Daniel González: “… cuentos literarios (…) son historias bien armadas que no manipulan al lector y le dejan deducir por sí mismo las consecuencias”. Seguramente todos nos damos cuenta de lo irritante que resulta, como lectores, sentir que el autor nos impone una intencionalidad sin ninguna sutileza y sin ninguna libertad de interpretación. Una buena obra literaria tiene que cumplir el requisito de permitir múltiples interpretaciones.

Otro aspecto interesante es el del cuento remedio o cuento medicina. Algunas participantes, ante las peticiones de libros para resolver múltiples conflictos de la vida del niño, se preguntan: ¿puede un cuento realmente resolver un problema por sí mismo? Obviamente no. Ahora bien, podemos suponer que un adulto que se preocupa por buscar una herramienta para apoyar a su hijo en algún proceso o dificultad, es un adulto que está presente y que usará el libro como ayuda y no como panacea.

Hay que recordar también que las circunstancias para las que se suele solicitar la ayuda de un libro (dejar el pañal, dejar el chupete, …), constituyen etapas del desarrollo del niño que no se pueden soslayar ni precipitar. El niño conseguirá superarlas cuando esté preparado para ello. El cuento no va a hacer milagros, pero si el adulto lo utiliza de la manera adecuada, puede ser una estupenda ayuda para acompañar el proceso.

Por otra parte, hay situaciones como el nacimiento de un hermano o la muerte de un abuelo, que forman parte de la infancia. Aunque se trate de situaciones exigentes y con gran carga emocional, forman parte del aprendizaje de los niños y no deben ser ocultadas o minimizadas. En estos casos el cuento puede ser un recurso útil y precioso. A todos nos gusta encontrar una historia con la que identificarnos, especialmente cuando nos enfrentamos con una situación que nos genera conflicto, tristeza, o inquietud. En este caso, un cuento bien elegido puede ser de gran ayuda. No hay que descartar tampoco la opción de inventar cuentos nosotras mismas. Una persona creativa y sensible seguramente encontrará la manera de plasmar, de manera eficaz, una situación con la que el niño pueda identificarse. En este sentido es interesantísimo el libro de Susan Perrow: Cuentos sanadores.

Otra cuestión relacionada con todo esto y que levanta pasiones es el exceso de celo en lo políticamente correcto. Algunos profesionales de la narración infantil nos han contado que en alguna ocasión no se les permitió contar el cuento de Los tres cerditos si no se eliminaba la muerte del lobo y una librera menciona que han llegado a pedirle cuentos con lobos vegetarianos. Con respecto a esto no creemos que haya una respuesta que se pueda generalizar. Algunos niños reclamarán y echarán en falta ese elemento transgresor de los cuentos tradicionales que ahora nos esforzamos en dulcificar mientras que otros, por su sensibilidad, agradecerán que se les ahorren los pasajes más truculentos. Quizás lo que debemos hacer es estar bien atentos a percibir cuál es la actitud del niño ante esto y no imponerles nuestra propia sensibilidad.

Este dilema nos lleva a otro que también trae cola: ¿debemos dejar que los niños elijan sus lecturas o debemos imponerles nosotros, como adultos, nuestro criterio? Muchas bibliotecarias abogan por dejar que sean los niños los que escojan y en esta línea se posicionan también las tendencias más recientes y más eficaces en el ámbito de la animación a la lectura. El objetivo primordial es generar afición a lectura y para ello es un requisito casi indispensable que el lector en ciernes disfrute y se interese por lo que lee. Ahora bien, si un niño manifiesta un interés muy exclusivo por un tema en particular, el adulto quizá podría ayudarle ofreciéndole opciones más diversas. Además, no debemos olvidar que los intereses de los niños están guiados, a menudo, por la publicidad y la televisión. Es normal que un niño que ve, por ejemplo, la Patrulla Canina en la televisión se fije, cuando va a la biblioteca o a la librería, en los cuentos que tienen a esos personajes como protagonistas. En este caso puede ser conveniente, por parte del adulto, tratar de dirigir su atención hacia otras temáticas y no dejar que se limite a estos estímulos que no suelen atender criterios de calidad sino más bien exclusivamente comerciales.

Afortunadamente, la oferta editorial infantil hoy en día es amplísima y permite una enorme libertad de opciones. La tarea del educador puede ser, por lo tanto, la de hacer una primera selección de libros que considere valiosos y dejar que el niño escoja entre ellos.

Lo que elegimos para nuestros pequeños lectores, lo que nos gustaría que leyeran, está relacionado con nuestras propias creencias sobre la finalidad de la lectura. ¿Leemos para aprender? ¿para ser mejores personas? ¿para entretenernos? ¿para divertirnos? ¿para evadirnos? ¿para disfrutar? Para algunos la lectura es principalmente diversión y entretenimiento, para otros el objetivo va más allá: alimentar el pensamiento, abrir nuevas perspectivas y despertar cuestionamiento sobre lo que se cree conocer. Nosotras pensamos que la lectura ha de ser siempre fuente de placer y disfrute. Ahora bien, unos disfrutamos riendo, otros llorando, otros pensando, otros horrorizándonos, otros descubriendo, y otros con todo esto dependiendo del momento, del lugar y del humor. Quizá las palabras clave sean estas dos: entretener y emocionar. Si un cuento o un libro consigue esas dos cosas, el lector deseará seguir explorando en la lectura.

Lo que este grupo de facebook defiende sin lugar a dudas, y nosotras también, es la libertad de elección y todas nos alegramos de que existan tantas opciones que se adapten a todos los gustos y necesidades. Así que, sean cuales sean vuestras preferencias, tanto si os gustan los cuentos con una finalidad o los cuentos porque sí, disfrutemos del mundo de cuentos que tenemos a nuestro alcance.


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