DESARROLLO MORAL EN LA INFANCIA 2: LA MENTIRA


La semana pasada comenzamos esta serie de entradas sobre el desarrollo moral del niño, motivadas por el interés actual hacia la educación en valores tanto en el ámbito escolar como en el de la literatura infantil.

Hablamos de los inicios del estudio sobre el desarrollo moral del niño, del trabajo de Jean Piaget en este ámbito y de algunos de sus hallazgos en relación a las razones y justificaciones que sustentan las valoraciones morales de los niños pequeños. Podéis leerlo aquí.

El desarrollo moral del niño pequeño. Jean Piaget. Educación en valores.

Vamos a seguir hablando de las interesantes investigaciones de Piaget quien, a partir de historias diseñadas por él y relatadas a niños de diferentes edades, indagó en la manera en que se van desarrollando los juicios morales. Hoy vamos a hablar de sus investigaciones sobre la idea de mentira y sobre cómo evoluciona a lo largo de la infancia.

Nuestra referencia es el libro Moral, Desarrollo y Educación, de Juan Delval e Ileana Enesco. Los fragmentos entrecomillados son transcripciones literales de este libro.

La complejidad moral de la mentira

Desde muy pronto, el niño pequeño escucha que mentir es malo y que no debe hacerlo.

 La noción de mentira en el desarrollo infantil. Jean Piaget. Educación en valores.

Como adultos, sin embargo, sabemos que la idea de mentira es compleja, que su valoración moral depende en gran medida de la intención con que se diga y que no conlleva necesariamente consecuencias materiales visibles sino que las consecuencias son más bien morales, psicológicas o afectivas. Todo esto condiciona la construcción de un sentido moral de la mentira por parte del niño pequeño quien, como vimos la semana anterior, va incorporando poco a poco los aspectos menos visibles de las acciones (intenciones, daño moral) en sus juicios morales.

Además de estas dificultades, en la mentira se presenta la ambigüedad de su carácter, pues no siempre se considera mala o dañina. Pensemos en las llamadas “mentiras piadosas” que utilizamos para evitar causar un sufrimiento innecesario a otra persona. Por otra parte, existe una especie de gradación en la mentira que conlleva también una gradación en su valoración negativa: hay mentiras gordas, mentirijillas, exageraciones, …

La noción de mentira en la infancia. Desarrollo, moral y educación. Valores éticos.

Todos estos matices convierten a la mentira en un problema de gran interés para su estudio evolutivo. (…) Piaget estudió este problema en relación con tres aspectos: la definición de la mentira, la evaluación de la mentira según su contenido y la evaluación según sus consecuencias materiales”.

El significado de la mentira para el niño pequeño

Piaget preguntó directamente a los niños qué es una mentira. La noción que los niños expresaron varió de acuerdo con la edad y estos cambios resultaron muy interesantes.

Los niños más pequeños, de alrededor de seis años, confundían las mentiras con las palabrotas.

Mentiras y palabrotas. El concepto de mentira en la infancia. Jean Piaget. Desarrollo moral.

Pero esta identificación no se debía a una confusión verbal o a un desconocimiento del concepto de mentira. Los niños entienden ya a esta edad que mentir es no decir la verdad. Entonces ¿por qué identifica el niño dos actos tan diferentes? Piaget nos ofrece esta explicación:

El niño pequeño no tiene conciencia suficiente como para mentir deliberadamente con el fin de engañar, él simplemente dice algo que no es verdad del mismo modo que juega o imagina. Cuando hace esto, recibe de los adultos advertencias y reconvenciones. Lo mismo ocurre cuando dice una palabrota. Entonces “saca la conclusión de que hay cosas que se pueden decir y cosas que no se pueden decir y llama mentiras a estas últimas, tanto si se trata” de mentiras o de palabras groseras.

La mentira en el desarrollo moral infantil. Jean Piaget. Educación en valores.

Para el niño, “la mentira es una falta moral que se comete mediante el lenguaje, del mismo modo que decir palabrotas”.

A esta temprana edad ocurre también que los pequeños no distinguen entre la mentira intencionada y los errores involuntarios o las fabulaciones que surgen en el juego imaginativo. Así, a esta edad, un error del tipo 2 más 2 son 5, o una afirmación expresada por otro niño del tipo “yo soy un súper héroe”, se juzga de la misma manera que una mentira que tiene la finalidad de engañar. Esto se debe a que el niño pequeño todavía no puede juzgar los actos teniendo en cuenta los motivos y las intenciones. Él simplemente observa que en todos los casos se falta a la verdad y, por esto, considera igual de malas todas esas “mentiras”.

Mentiras e imaginación. Desarrollo moral del niños. Jean Piaget. Valores éticos.

A partir de los siete años, sin embargo, la mayoría de los niños es capaz de establecer distinciones bastante claras entre la mentira como acto intencionado de engañar y los errores”. Uno de los niños entrevistados lo expresó de esta manera:

¿Equivocarse o decir una mentira es lo mismo? No. ¿Cuál es la diferencia? Equivocarse es cuando no se dice la verdad [porque no se sabe]; una mentira se sabe la verdad pero no se dice”.

Mentiras: intenciones y consecuencias

Para indagar en los juicios de los niños en relación a la mentira, Piaget diseñó otra serie de historietas. Para conocer los juicios sobre las intenciones y las consecuencias de las mentiras utilizó pares de historias, con el fin de que los niños las comparasen. En uno de estos pares de historias se contrastan diferentes intenciones entre los protagonistas que “mienten”. En la primera, un niño ve un perro muy grande cuando sale del colegio y al llegar a su casa le cuenta a su madre que ha visto un perro tan grande como una vaca. En la otra historia, un niño, al volver de la escuela, le dice a su madre que la profesora le ha puesto muy buenas notas. Sin embargo, esto no es cierto, pues la profesora no le ha puesto ninguna nota.

Cuando se pide a los niños que comparen y evalúen estas dos mentiras, los más pequeños, hasta los siete años, señalan frecuentemente que la mentira más grave es la referente al perro”. Consideran que la mentira menos verosímil es más grave y que la más creíble es más inocente.

Desarrollo cognitivo y desarrollo moral en la infancia. Jean Piaget. Educación.

Este es un fragmento de la transcripción que recoge uno de estos casos:

¿Son igual de malas [estas dos mentiras] o hay una peor que otra? Hay una más mala que la otra. ¿Cuál? El que vio un perro grande como una vaca. ¿Por qué? Nunca se han visto perros grandes como vacas. Si tú fueras la mamá, ¿a quién castigarías más? Al que dijo la mentira de la vaca.

Un poco más tarde, hacia los ocho años, la mayoría de los niños cambian su valoración y consideran peor la mentira de las notas porque piensan que la intención en la primera historia es bromear mientras que en la segunda existe la intención de engañar. Ahora la historia de la vaca ya no se interpreta como una mentira sino como una exageración o una broma. El hecho de que sea inverosímil es lo que la hace inofensiva, mientras que la de las notas, al ser creíble, puede conseguir engañar a la madre y hacer que el niño reciba un premio que no merece.

Veamos, por último, otro par de historias diseñadas para estudiar el juicio sobre las mentiras en relación con las consecuencias:

1) Un señor le pregunta a un niño por una calle. El niño le indica el camino para llegar a ella pero se equivoca. Entonces el señor se pierde.

2) Un señor le pregunta a un niño por una calle. El niño sabe muy bien dónde está esa calle, pero le señala expresamente un camino falso. Sin embargo, el señor no se pierde.

Cuando se pregunta cuál de los niños se portó peor, algunos de los entrevistados responden que el peor fue el primero, porque hizo que el señor se perdiera. En este caso, los niños se centran en las consecuencias causadas y no tienen en cuenta las intenciones de los protagonistas. A partir de los siete u ocho años, esta percepción cambia y las valoraciones se acercan mucho más a las de los adultos. A partir de esta edad los niños respondieron en general que el niño que indicó mal la dirección intencionadamente merecía un castigo mayor.

Como podéis ver, estas respuestas son coherentes con todas las anteriores en el caso de niños menores de siete años. A esta edad, el juicio sobre los actos morales se basa en consideraciones objetivas, en los efectos materiales y perceptibles de las acciones. Piaget llamó a esta primera orientación realismo moral, en alusión a esta tendencia a valorar las acciones en relación a la magnitud de sus consecuencias materiales o a su falta de verosimilitud.

A partir de los siete u ocho años, como hemos visto, “los niños van siendo progresivamente capaces de analizar los aspectos psicológicos de las acciones y situaciones, interpretando la responsabilidad como algo subjetivo”.

La noción de mentira en la infancia. Desarrollo, moral y educación. Juan Delval.

La conclusión que podemos extraer de estos resultados nos parece muy importante a la hora de comprender y acompañar a los niños pequeños y también a la hora de diseñar y temporizar los contenidos curriculares relativos a la enseñanza y transmisión de valores.

Es importante saber que los niños pequeños no tienen todavía las herramientas cognitivas necesarias para elaborar juicios teniendo en cuenta aspectos subjetivos de los actos morales, de la misma manera que hasta determinada edad tampoco pueden elaborar un pensamiento abstracto sino que necesitan apoyar su razonamiento en objetos concretos.

Como adultos, debemos acompañarles en el proceso que les llevará a la adquisición de esas herramientas creando situaciones, circunstancias y oportunidades que contribuyan favorablemente a este desarrollo y sin exigir prematuramente objetivos que no están a su alcance.

En las próximas semanas veremos algunas formas de hacerlo.

 

 

 


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