Johnny Appleseed: El hombre que plantaba árboles. Cap 3º.


CAPÍTULO 3: EL AMIGO DE LOS ANIMALES

En las dos entradas de blog anteriores a esta, os hablamos del aspecto y de la personalidad de Johnny Appleseed. Si aún no las habéis leído, podéis verlas aquí.

Hoy continuamos esta semblanza del protagonista de nuestro cuento Juanito Pepita de Manzana hablándoos de su extraordinaria relación con los animales.

Ya sabéis (y si no lo sabéis os lo contamos ahora) que estamos en campaña para editar este cuento. No os perdáis la ocasión de participar y hacer posible la edición.

UN HOMBRE QUE AMABA A LOS ANIMALES

Si algo caracterizaba a Johnny Appleseed, esto era su amor por todos los animales.

Ya desde niño, Johnny se sintió atraído hacia la Naturaleza y los animales. Siempre que podía se escapaba al bosque tranquilo y silencioso, en el que podía escuchar a los pájaros cantando y el susurro de las hojas mecidas por el viento. Un día, en el bosque, un conejo se acercó a Johnny; una ardilla saltó desde la rama de un gran árbol y se aproximó también. “Aquí están mis amigos” pensó Johnny, “aquí en los bosques”.

Los animales del bosque no le tenían miedo. Johnny les llevaba comida y cuidaba de los animales que estaban enfermos o heridos.

Las leyendas sobre Johnny Appleseed incluyen una que cuenta cómo parloteaba con las ardillas hasta que conseguía que se acercaran a comer nueces de su mano:

“Silbaba de tal manera que los petirrojos se acercaban volando hasta él, pensando que era uno de ellos. Gorgoteaba hasta que todos los pavos salvajes se reunían en bandada a su alrededor. Incluso la tímida codorniz salía de los prados respondiendo a su llamada. Hasta tal punto los animales se sentían atraídos por él que a veces los cervatillos le seguían y Johnny tenía que reñirles con aspereza para regresaran junto a sus madres”.

Durante toda su vida Johnny Appleseed profesó este amor y respeto hacia los animales.

JOHNNY Y EL MALTRATO ANIMAL

Si Johnny veía que un animal era maltratado, lo compraba y se lo entregaba a un colono más bondadoso con la condición de que lo tratara bien y lo cuidara adecuadamente.

Con frecuencia ocurría que, en el largo viaje hacia tierras salvajes, los pioneros se veían entorpecidos por caballos cojos o malheridos que eran abandonados hasta que morían. Al llegar el otoño, Johnny salía en busca de estos caballos y los recogía. Después regateaba para conseguir comida y cobijo para ellos durante el invierno, y cuando llegaba de nuevo la primavera los conducía  hasta buenos pastos para que pasaran el verano. Si se recuperaban lo suficiente para ser capaces de trabajar nunca los vendía, pero los prestaba o los regalaba con el compromiso de que fueran bien tratados.

CRIATURAS DIVINAS

Su creencia de que infligir dolor o matar a cualquier criatura era un pecado absoluto no se limitaba a las formas superiores de vida animal. Para él cualquier ser vivo, por el hecho de estar vivo, estaba dotado de esencia divina. Y por lo tanto, herirlo o destruirlo suponía hacer daño a una parte de la Divinidad.

Ni siquiera un Brahmin estaría más preocupado por preservar la vida de los insectos. La única ocasión en que se vio obligado a destruir un reptil venenoso le provocó tal remordimiento que durante mucho tiempo no pudo recordarlo o referirse a ello sin sentir una profunda tristeza.

Ocurrió así: Johnny había escogido un lugar adecuado para plantar sus semillas de manzana en una pequeña pradera, y para preparar la tierra estaba segando la hierba cuando le mordió una serpiente de cascabel. Cuando lo contaba, Johnny suspiraba profundamente y decía: “Pobre criatura, solamente me tocó y yo, en el ardor de mi impía pasión, le di con la hoja de mi guadaña. Un rato después regresé y ahí estaba la pobre criatura muerta”. 

ANTES PASAR FRÍO QUE HACER DAÑO A UN MOSQUITO

Se conocen muchas anécdotas sobre su respeto hacia todas las formas de vida. En una ocasión, en una fría noche otoñal, Johnny, que siempre prefería dormir al raso antes que dormir en una casa, había encendido un fuego cerca del lugar donde iba a pasar la noche. Entonces se dio cuenta de que el resplandor atraía a una gran cantidad de mosquitos, muchos de los cuales se acercaban demasiado al fuego y morían. Inmediatamente trajo agua y apagó el fuego. Después, cuando lo recordaba, se afeaba su propia conducta diciendo: “Que Dios me perdone por encender un fuego para comodidad mía que ha sido el motivo de la destrucción de sus criaturas”.

En otra ocasión apagó el fuego que había encendido junto a un tronco de árbol y durmió sobre la nieve porque vio que dentro del tronco estaban durmiendo una osa con sus oseznos que, según sus palabras, no deseaban ser molestados.

"NO PRETENDÍA HACERME DAÑO"

Y este deseo de no causar daño o muerte era igualmente intenso cuando suponía que él sufriera, como demuestra la siguiente anécdota:

Johnny había estado ayudando a algunos colonos a hacer una carretera a través de los bosques y en el curso de su trabajo ellos habían destruido accidentalmente un avispero. Una de las avispas furiosas encontró cobijo bajo la capa de tela de saco de Johnny y, aunque le picó varias veces, él la retiró con la mayor delicadeza. Los hombres que estaban presentes le preguntaron riendo por qué no la había matado, a lo que él respondió muy serio: “No hubiera sido justo matar a la pobre criatura, pues ella no pretendía hacerme daño”.

UN LOBO AGRADECIDO

Una noche Johnny se despertó con el sonido de un terrible aullido. ¿Qué podía ser eso? Miró a su alrededor y percibió una sombra oscura. Era un lobo. Una de sus patas había quedado atrapada en un cepo. Johnny corrió hacia el lobo y lo liberó de la trampa. “Pobrecito”, dijo. “Yo te cuidaré”.

Johnny rasgó la tela de su camisa para usarla como vendaje para la pata del lobo y le dio algo de la medicina que llevaba.

Johnny se quedó con el lobo hasta que se recuperó lo suficiente para poder andar. “Ahora debes regresar a tu casa”, le dijo Johnny al lobo. Pero el lobo no se marchó corriendo hacia los bosques. Saltó alrededor de Johnny haciéndole entender que quería quedarse con él, como un perro que quiere estar con su dueño.

Y UNA OSA TRANQUILA

Se cuenta también que una vez le vieron jugar con una camada de oseznos. Es bien sabido que las osas son tremendamente agresivas cuando alguien se acerca a sus cachorros, sin embargo, cuando se trataba de Johnny Appleseed, la osa le observaba tranquila mientras jugaba con sus crías.

 

Hasta aquí la recopilación de historias sobre la maravillosa relación de Johnny Appleseed con los animales. Ahora ya conocéis algo más sobre este extraordinario personaje que nos ha fascinado y que es el protagonista de nuestro cuento Juanito Pepita de Manzana.

La semana que viene os seguiremos contando más aventuras. No os las perdáis.


1 comentario


  • Almu

    Hola!
    Enhorabuena por la nueva campaña. Seguro que lo conseguís ;-)
    Quería haceros una propuesta sobre las recompensas.
    Podríais incluir un pack con los 2 libros de historias:
    Juanito Pepita de Manzana
    + 1 ejemplar de Shinguebiss y el Viento del Norte
    Muchas gracias!


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