Johnny Appleseed. El hombre que plantaba árboles. Cap 5.


CAPÍTULO 5: UNA SENSIBILIDAD FEMENINA

Seguimos profundizando en la figura de John Chapman, nuestro Juanito Pepita de Manzana. Ya sabéis que sigue adelante nuestra campaña para editar una versión infantil de esta maravillosa historia en forma de álbum ilustrado. Puedes ver la campaña aquí.

En esta página web hemos encontrado una reflexión interesante sobre Johnny Appleseed. Traducimos algunos fragmentos:

Johnny Appleseed comparte el escenario del origen de los Estados Unidos con los “héroes americanos” que conquistaron y colonizaron a un pueblo “salvaje e incivilizado”.
Pero el simpático y caritativo Johnny Appleseed nunca se ha sentido cómodo en compañía de estos “héroes”. La diferencia entre él y los demás se debe en gran medida a que las leyendas sobre los primeros “héroes” nacieron en la época jacksoniana, que celebraba la agresión masculina; mientras que la leyenda de Johnny Appleseed surgió en la época victoriana, en la que estaban en auge las virtudes femeninas.
La persona que más ha contribuido a crear la leyenda de Johnny Appleseed es Rosella Rice, escritora nacida en Ohio en 1827. Rosella recordaba las visitas de John Chapman a su casa cuando ella era niña y recogió estos recuerdos junto con otras historias que recopiló sobre él a través de amigos y vecinos que también le conocieron.
Rosella Rice fue la primera autora que escribió sobre Johnny Appleseed. Fotografía tomada de American Orchard.
La descripción que Rosella hace del vagabundo que plantaba manzanos es muy victoriana y hagiográfica. “Sus pies magullados y sangrientos caminan ahora por las calles doradas de la Nueva Jerusalem”, proclamaba Rice, “mientras nosotros narramos de manera tosca y fragmentada el esbozo de su vida. Una vida llena de trabajo, dolor y altruismo; humilde hasta la abnegación. Su recuerdo brilla en nuestros corazones y sus acciones reviven cada primavera con la fragancia de las flores del manzano que él tanto amaba.”
Rice afirmaba que prácticamente todos los huertos de frutales de los asentamientos blancos procedían de los viveros que había plantado Johnny y describía sus viveros de semillas, improvisados y destartalados, como santuarios de belleza natural. Rice afirmaba también que ella sabía dónde estaban muchos de esos viveros e insistía en que Chapman plantaba sus árboles en templos naturales, enmarcados por los amplios arcos de los sicomoros gigantes. (Una ubicación, por cierto, no muy práctica para los plantones de manzano que necesitan la luz del sol del amanecer).
También describió a Chapman como un hombre sintonizado con la sensibilidad femenina. Según Rice “le gustaba más estar con mujeres que con hombres. Parecía femenino en muchas de sus cualidades, y sus gustos y aversiones eran decididamente propias de una mujer”. Cuando Chapman llegaba a una cabaña de colonos, recordaba Rosella, se sentía inmediatamente atraído hacia la compañía de mujeres y se mostraba ansioso por enterarse del desarrollo de cada niño desde la última vez que él había estado allí.
Johnny Chapman era un hombre sensible y familiar al que le gustaban los niños. Ilustración de Will Moses.
Rosella Rice ha sido una de las principales fuentes del escritor W. D. Haley, el primero en dar a conocer la historia de Chapman a nivel nacional con un libro publicado en 1871. Para W. D. Haley, la historia de Johnny Appleseed era sin duda un bálsamo en medio de la violencia y la vulgaridad de la vida de frontera. A él no le interesaban la “rapiña y la atrocidad” de la experiencia fronteriza que se celebraba en tantas novelas baratas. Con la historia de Johnny Appleseed él pretendía celebrar “heroísmos más sublimes que aquellos de la tortura humana, y victorias más nobles que las del tomahawk y el cuchillo de desollar”.
A partir de esta obra, otros escritores y escritoras posteriores han añadido elementos a la historia de Johnny Appleseed. Una historia que siempre servirá de contrapeso a las leyendas que basan el nacimiento de la nación en la violencia y la agresión.

Precisamente, de la crudeza de la vida de los pioneros habla Laurie Lawlor en este fragmento de su libro The real Johnny Appleseed:

Portada del libro de Laurie Lawlor sobre Johnny Appleseed.

La vida de los pioneros era francamente dura y esto hacía que las personas se volvieran ásperas. El whisky de malta circulaba libremente y había peleas y reyertas casi a diario. Hombres y mujeres se reunían para ver cómo castigaban a los ladrones a latigazos. O se reían al ver cómo un lobo era desollado vivo y enviado de vuelta al bosque para escarmiento de otros lobos.
Estas crueles formas de entretenimiento reflejan la dureza de la vida de los pioneros. Cada día era una lucha por la supervivencia y el trabajo para vencer a la naturaleza salvaje era constante e interminable.
La dura vida de los pioneros americanos. Grabado extraído del libro de Laurie Lawlor sobre Johnny Appleseed.
Los inviernos eran fríos y miserables. La lluvia se colaba por las grietas de los tejados formando charcos en el suelo sucio. El viento y la nieve soplaban a través de las rendijas de las paredes de madera. Los colonos no sabían mucho de saneamiento ni de la importancia de mantener su agua limpia de vertidos de animales y de humanos. Los alimentos que podían conseguir no eran muy nutritivos y la enfermedad se llevaba a menudo la vida de familias enteras. A pesar de todo esto, lo que más temían los colonos era un ataque sorpresa de los nativos americanos, cuyas tierras habían ocupado y convertido en granjas.
A diferencia de la mayoría de los colonos, Johnny no se dedicaba a disparar borracho sobre los indios ni a desollar lobos por diversión. Él no era un fanfarrón pendenciero. Y aún así, los pioneros le admiraban por su fortaleza, su valentía y su extraordinario sentido de la orientación en esa tierra feroz y virgen.

En este libro se cuenta otra anécdota que revela, una vez más, el carácter espiritual de Johnny y su búsqueda de la soledad y la armonía de la naturaleza.

En 1819 contrató a dos jóvenes para que le ayudaran a talar árboles y a construir una cabaña en un lugar apartado y pantanoso. Los chicos se dirigían nerviosos a su encuentro a través de espesos bosques, preguntándose dónde estaría Johnny y qué ocurriría si no le encontraban.
Cuando ya oscurecía, vieron una columna de humo. Allí estaba John, junto a una hoguera, protegido por un enorme árbol caído. “Nunca olvidaré,” recordaba uno de los jóvenes, “lo satisfecho que parecía cuando llegamos hasta él. Allí solo, a millas de distancia de cualquier alma humana, rodeado de osos, lobos, serpientes, búhos y puercoespines, estaba feliz y contento.”
Johnny Appleseed en su campamento nocutrno en la naturaleza salvaje. Por Will Moses.
Después de charlar un rato sentados junto a la hoguera, Johnny sacó unas patatas del fuego con un palo afilado y se las ofreció a sus invitados como cena. “Así es como vivo en la tierra salvaje,” dijo a sus acompañantes.
“Bueno,” contestó uno de los chicos, “pareces más feliz que un rey.”
“Sí,” dijo John, “no estaría mejor en ningún otro lugar. Puedo tumbarme panza arriba y mirar a las estrellas. Es casi como si pudiera ver a los ángeles alabando a Dios, que ha creado todo por su bondad.”

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