¿Por qué nos gustan tanto los cuentos tradicionales?


 

En Alén de Ningures nos encantan los cuentos de hadas y los cuentos tradicionales y los consideramos verdaderas obras de arte de la literatura universal.

Aunque disfrutamos de ellos con solo leerlos, nuestro interés nos ha llevado a indagar sobre sus significados, su divulgación y los motivos que los han hecho perdurar.

En nuestra búsqueda hemos recurrido a grandes expertos en literatura infantil. Sheldon Cashdan nos ofrece esta respuesta a la pregunta que él mismo formula:

Pero, ¿qué es lo que hace tan encantadores a los cuentos de hadas? La explicación más obvia es que los cuentos de hadas son una fuente incomparable de aventuras. (…)

Pero los cuentos de hadas son algo más que unas aventuras llenas de suspense que excitan la imaginación, algo más que un mero entretenimiento. (…) son verdaderos dramas que reflejan los acontecimientos que tienen lugar en el mundo interior del niño. Mientras el atractivo inicial de un cuento de hadas puede residir en la habilidad para encandilar y entretener, su valor perdurable descansa en el poder para ayudar a los niños a hacer frente a los conflictos internos que encuentran durante su crecimiento.

Por eso perduran los cuentos de hadas.

(LA BRUJA DEBE MORIR. Sheldon Cashdan. Ed. Temas de Debate, 2000.)

Eva Martínez Pardo nos aporta una visión muy interesante sobre un aspecto clave de los cuentos, muy relacionado con lo anterior:

(…)los cuentos tradicionales no nacieron para darnos lecciones morales, sino como símbolo de todas aquellas pulsiones que –de alguna manera- necesitamos elaborar como humanos. 

La Literatura, como arte, debe hablarnos de lo que ocurre en nuestro interior para interpelarnos y recordarnos que somos seres sintientes, y no solo seres políticamente correctos. Por supuesto que lo que sentimos no es siempre lo más adecuado, o lo más bonito. Pero silenciarlo no nos ayuda a elaborarlo, solo nos hace vivirlo en silencio y en soledad. Nuestra agresividad, nuestros deseos de venganza, nuestra envidia o las ganas de vencer a las fuerzas del mal están en los cuentos tradicionales, porque están en nosotros. No hay nada en ellos que no contengamos como humanos.

(Eva Martínez Pardo. CURSO: ARTE, PALABRA Y LECTURA EN LA PRIMERA INFANCIA. Marzo-abril 2018)

Esta visión se complementa con la consideración de Ellen Duthie sobre lo que la buena literatura, en general, siempre ofrece: horizonte y libertad.

El autor, al ofrecer un mundo complejo, abraza la incertidumbre sobre la reacción de los lectores, lo que permite a los lectores atender a aspectos distintos dependiendo de su perspectiva, de su lugar de lectura, de su momento de lectura, y también de su nivel lector. No es la intención del autor “transmitir un mensaje”, sino abrir un mundo de posibilidades y de caminos literarios y de ofrecer una riqueza donde se incluye algo para todo tipo de lector.

(…)

Así, los distintos niveles lectores son flexibles, están presentes en un mismo libro y se van desvelando con cada lectura, a medida que los niños crecen en edad y sofisticación de comprensión.

Ellen Duthie. CURSO: ARTE, PALABRA Y LECTURA EN LA PRIMERA INFANCIA. Marzo-abril 2018)

Los cuentos tradicionales cumplen de forma extraordinaria este requisito de prestarse a múltiples interpretaciones y niveles de comprensión. Si escuchamos los comentarios de los niños sobre un determinado cuento veremos que cada uno recibe una impresión diferente y que son distintos personajes y situaciones los que despiertan sus inquietudes, asombro, interés, …

Todo esto nos invita a disfrutar de los cuentos tradicionales de manera “desinteresada”, es decir, sin tratar de extraer de su lectura un beneficio ajeno al mero disfrute. Los niños están siempre dispuestos a escuchar una buena historia y los cuentos tradicionales, normalmente, lo son. Dejemos que lo que estas obras puedan aportar más allá de este deleite llegue de manera natural e individualizada, que cada lector reciba lo que necesite, o lo que persiga, o lo que anhele, lo que esté dispuesto o preparado para recibir.

Permitamos este espacio de libertad y de confianza sin intervenir, como adultos, de manera demasiado evidente o coactiva. Pues en esto reside la grandeza de la Literatura.