Las matemáticas se pueden aprender con mucho gusto


¿Conocéis a algún niño o niña que no se asombre ante hechos sorprendentes, que no se implique ante algún problema que suponga un obstáculo o al que no le guste explorar, indagar, manipular, imaginar, relacionar, intentar, …  hasta descubrir o encontrar alguna explicación a aquello que le sorprende o alguna solución al problema que se le plantea?

¿No pensáis que estas actividades son genuinas de la infancia?

Pues esta actitud tan genuinamente infantil de apertura, interés y atención activa hacia el mundo es el mejor punto de partida para acometer la actividad matemática.

Entonces ¿por qué hay tantos niños y niñas con dificultades a la hora de adentrarse en el quehacer matemático?

La respuesta del doctor en Didáctica, José Antonio Fernández Bravo, es tajante: “Es posible que lo que se haga en clase sea cualquier cosa menos matemáticas”.

En Alén de Ningures estamos convencidas de que es necesario conducir a los niños hacia una experiencia con las matemáticas que les resulte atractiva y estimulante y que despierte en ellos el asombro y el interés.

Para ello, tenemos en cuenta en el diseño de nuestros contenidos varias premisas que os enunciamos a continuación:

Partir de situaciones y experiencias conocidas que les permitan relacionar la actividad matemática con su entorno. Esto les llevará, por una parte, a reconocer la utilidad práctica de las matemáticas y, por otra, a usarlas de manera flexible, adaptando sus conocimientos a cada situación particular

Utilizar objetos concretos que se puedan manipular y/o imágenes para ir alcanzando poco a poco niveles mayores de abstracción.

Plantear actividades que inviten a la observación y la percepción de propiedades y relaciones

Presentar tareas abiertas, que permitan desplegar la creatividad y la imaginación en la búsqueda de solución

 

Presentar el mismo concepto desde diferentes puntos de vista para enriquecer la capacidad de comprensión, de relación y de transferencia de conocimiento.

 

Plantear retos y desafíos que despierten la curiosidad y el gusto por la actividad del pensamiento.

Generar conflicto con lo que ya se conoce o se cree conocer para promover la reflexión.

Utilizar las posibilidades lúdicas que ofrecen las matemáticas, presentando las tareas en forma de juego.

Aprovechar el contenido estético de las matemáticas para presentar las tareas de manera artística.

El interés por el mundo y el afán de conocimiento es una cualidad innata en los niños y es nuestra responsabilidad mantenerla viva y despierta. El matemático Martin Hairer ha expresado recientemente que “Lo mejor de las matemáticas es el placer de entender verdades universales”. No permitamos que nuestros niños renuncien a este placer.